18 de enero de 2009

Silencio - Enero 18, 2009


Hoy no quiero hablar.....
No quiero dar explicaciones, a lo que no tiene explicación.
No me preguntes como me siento, porque puede ser que no sienta la sangre correr por mis venas, ni el cosquilleo en mis manos ó extremidades asociado con el fluir de ese liquido tan preciado que ayuda al músculo del corazón a mantenerme viva. Aunque tengo signos vitales y respiro, no me siento un ser humano normal. Hoy no quiero saber ni estar consiente de lo que soy y como estoy. No preguntes si estoy bien, mal, triste ó contenta.

Hoy no quiero ser la misma de siempre, con una respuesta amable, una mirada cálida, ó la sonrisa transparente. Tampoco quiero tener la vida perfecta que tienes tú, hoy no quiero pretender que tengo todo bajo control, ni que soy fuerte, ni que tengo ganas de embarcarme en una lucha que perdí hace algún tiempo.

Quiero dejarme estar en este letargo que sé, pronto llegará a su fin. Porque aunque no lo creas yo también estoy cansada de no querer hablar y mucho más de ser escuchada.
A veces grito desde lo más profundo de mi interior y nadie siquiera escucha, sin embargo cuando me silencio, una que otra persona logra percibir lo que realmente vive en mí.

No quiero hablar, quiero sentir, quiero multiplicarme como las estrellas en el firmamento y volverme una galaxia de posibilidades y fuerza. He aprendido que las palabras se las lleva el viento y que es mucho mejor enmudecer y escuchar.

No quiero dar consejos, quiero escucharlos porque suele suceder que damos consejos a los demás, que nosotros mismos no somos capaces aplicar a nuestras propias experiencias. Entonces, ¿para que darlos? Dar consejos conlleva cierta responsabilidad que debemos estar preparados a asumir.

Quiero saber que estas ahí para escuchar mi silencio, apoyarme y ayudarme, pero no me exijas cosas que yo misma no puedo exigirme, ó des lecciones de vida que aun no estoy preparada para recibir. "Ven a bailar conmigo y sabrás como bailo"; alguien dijo una vez. Y es muy cierto, porque solo yo se como me estoy sintiendo y tu desde afuera no tienes idea de los fantasmas que me atropellan por dentro.
No me preguntes como estoy, porque ni yo misma he de saberlo.

17 de enero de 2009

No Estabas - Enero 17, 2009



Abrí la puerta sin tocar y no estabas, entré, recogí lo que quedaba de mis cosas y como siempre te deje el apartamento impecable. Cada cosa en su sitio y el poema del día escrito en el espejo del baño con mi lápiz labial, para que lo leyeras cuando regresaras. Es esta la única manera de que sepas, que aun existo y que de una forma u otra estoy en tu vida; sin ser una interrupción inmediata en tu cotidianidad. Eso lo decidí hace mucho tiempo, tu por tu lado siendo feliz a tu modo y yo por el mío viviendo de mis recuerdos contigo y recordándote de vez en cuando lo mucho que te amo; aun sabiendo que a ti eso no te importa.

Te deje una nota sobre la mesa de la cocina: Esta todo bien, estaré en Lima un mes por asuntos de trabajo, te llamare cuando regrese. Ya de salida, y para no extrañarte, se me ocurrió regresar a tu habitación y como una loca maniática que soy tome en mis manos la franela que dejaste encima de la cama, aproximándola a mi rostro para sentir tu olor aun impregnado en ella. Victoria, eres una desquiciada mental, pensé, luego volví y me abrace a ella, como si fueras tú. Cerré la puerta y me marche.

De camino a casa, escuche sonar el teléfono celular, de repente pensé que podías ser tú, pero nunca llamas a no ser que necesites algo; lo ignoré. Estaba atrasada, tenía que pasar por la oficina a buscar unos documentos para el viaje, llegar a casa, empacar y encontrarme con Hernán en el aeropuerto a las siete de la noche.

De repente pensé que quizás había sido Hernán el que me llamó, al chequear mi celular tenía una llamada perdida de mi hermano Julián, para decirme que se marchaba a Lima también y que me llamaba cuando llegara para vernos. Divino, mi flaco adorado, mi hermanito querido. Es el único ser que me comprende y logra soportarme en esta vida mía tan compleja.

Sonó mi celular una vez más, esta vez sí era Hernán para recordarme de los contratos que tenía que traer conmigo, que no me olvidara del laptop, ni el USB con la presentación para el cliente. Le dije que no se preocupara, que yo tenía todo conmigo. Colgué y me baje del auto literalmente de un salto, tenia el tiempo justo y con lo que me demoro para bañarme y vestirme espero llegar a tiempo al aeropuerto y no perder el vuelo a Lima. Si eso sucede, sé que muero crucificada.

Entre en carreras a mi casa, solté todo sobre la mesa del comedor y me metí a la ducha, escuche mi celular una vez más, me dio flojera salir a contestarlo; decidí terminar de bañarme. Pensé que si era algo importante dejarían mensaje y si no escucharía el usual silencio al otro lado del auricular.

Abrí la llave de la ducha, el agua caliente comenzó a disipar poco a poco mis tensiones y a relajar mis sentidos. Se fue escurriendo por mi espalda y todo mi cuerpo mientras el espejo se empañaba al otro lado de la cortina. Pensé en Roberto, y en las veces en que se metía a la ducha conmigo mientras yo pretendía no saber que el se encontraba allí. De pronto sentía sus manos acariciar tiernamente mi espalda y su cuerpo acercándose al mío; mientras enjabonaba mis cabellos rizos y continuaba rumbo sur por el entorno de mi cuerpo; luego me abrazaba y solo Dios sabe las veces que quise morir de amor con él detrás de esas cortinas. Solo el humo que empañaba el espejo, fue testigo ocular de todo aquel derroche.

Volví a la realidad de un solo golpe, al escuchar mi bendito teléfono sonar, esta vez no fue el celular, sino el teléfono inalámbrico que reposaba sobre el piso del baño cerca de la ducha. Cuando intente contestar, no volvió a sonar; se disparo la contestadota y me quede escuchando. Hola Victoria, soy yo, Roberto. Te llamo para decirte que encontré tu nota en la cocina y el poema que me escribiste en el espejo del baño. Gracias. No se como haces para saber cuales son esos días en los que necesito saber que aun estas y que existes. Si ya sé, me imagino que cuando escuches este mensaje; si es que no estas sentada en la cama en estos momentos escuchándome, pensaras que te llamo solo cuando me haces falta y te necesito: Se que es cierto pero…bueno hablamos cuando regreses de Lima. Un beso, chao.

Mi Roberto, pensé y suspire; pero el suspiro fue breve incorporándome a la realidad en menos de lo que canta un gallo. Me rehúso a flaquear y a cometer la semejante atrocidad de llamarlo. Siempre caigo en la misma trampa, pero esta vez, no fue así. Entre la ansiedad de perder mi vuelo, mi orgullo y el estar harta de tanta pendejada, considero fue la combinación perfecta para no cometer el error garrafal de devolver su llamada. Me rehúso a estar en el radar de Roberto solo cuando él quiere. O sea, materializarme básicamente solo cuando el quiere verme; de ahí en más no existo. Quien quita que uno de estos días, me marche definitivamente de esta ciudad sin dejar ni un solo rastro de mi existencia, quizás solo entonces pueda escaparme de su fantasma.

Eran las seis de la tarde, ya estaba lista y empacada. Mientras que esperaba el taxi, me senté frente a mi computadora para revisar mis correos electrónicos y asegurarme de que estaba al día con mis pagos. Obviamente no quería regresar en un mes y encontrarme con la sorpresa de que me echaron del apartamento por no pagar la renta, y además, no tener luz, agua, ni teléfono.

Escucho el timbre de la puerta, me levanto rápidamente y voy hacia ella pensando que posiblemente era el taxista pero cuando me asomo y para mi asombro era Roberto. Y que rayos hace este aquí, me dije. Vacile en abrir la puerta. Diosito, ¿que hago?, el siguió insistiendo varias veces, al otro lado yo llenándome de valor e inventándome una excusa ridícula en mi mente para no abrirle la puerta. Al final, me llene de agallas y le abrí.

Al abrir la puerta, me preguntó el muy desfachatado, porque me había tardado tanto en abrir. Me dio tanto coraje su pregunta, que le dije toda la verdad. Que no quería abrirle la puerta para no verlo, que no quería saber nada de el y que estaba esperando por el taxi que me llevaría al aeropuerto y no quería perder mi tiempo.

Me miró desplegando su típica sonrisa sarcástica, la cual detesto. Le pregunte que necesitaba y me dijo que solo pasó a despedirse. Curiosamente, pensé que ya lo habías hecho a través del teléfono, así que no entiendo, le dije en mi tono seco y sarcástico. Volvió a sonreír, su sonrisa me mataba lentamente, pero él no tenia porque saberlo, yo digna en apariencia, realmente deseando solo un abrazo, quizás el ultimo que le daría en mucho tiempo. Me deseó suerte, un buen viaje, luego al acercarse me dio un beso en la frente y me estrecho entre sus brazos. Susurró en mi oído un te quiero; sentí desvanecer mi orgullo en un instante. Mi cuerpo flotaba en el aire, no pude sino reciprocar ese abrazo que me devolvió el oxigeno de un solo soplo por todo mi cuerpo físico y espiritual. Es la típica reacción de esta idiota que no aprende nunca. El encanto del momento fue resquebrajado por el taxista, que llego gritando ¡Taxi!, ¡Taxi! Mis pies lentamente se posaron sobre el suelo y volví a la realidad del momento. -Si señor, ya estoy lista, este es mi equipaje, gracias-

Roberto, tengo que irme, cuídate mucho y nos veremos en algún momento. ¿Me llamaras cuando llegues?; preguntó. No lo sé, le respondí. Una vez sentada en el taxi, apoyo su mano en la ventana, me miro con la ternura con la que suelen mirarme sus ojos y le dije adiós.

-Señor, vamos se me hace tarde-, le dije al taxista. -Si señorita-, me respondió mientras se puso en marcha y noté como se alejaba la silueta de Roberto por el lado izquierdo de la ventana del taxi. Curiosamente, sentí la misma tristeza que había sentido esa mañana al llegar a su apartamento y saber que no estaba.

7 de enero de 2009

Escritora Nocturna - Enero 7, 2009


Desde hace un tiempo, no sé lo que es dormir de noche; me he convertido en una escritora nocturna. Lo peor de todo, es que paso días seguidos sin dormir: No duermo de noche y trabajo durante el día. Me gusta escribir cuando esta todo en silencio, a pesar de que las ideas me invaden indiscriminadamente mientras se desarrollan en mi mente durante el transcurso del día. Es solo en la noche, cuando siento un fluir en forma de cosquilleo; que envía señales como en corto circuito a través de toda mi cabeza. Reconozco que es algo un poco loco, pero es la mejor manera de describir esa fantástica sensación. Justo en ese instante siento que mi musa llega y se posa sobre mi, cual mariposa cansada. Estoy convencida que mi intrépida musa es un ave nocturna, las voces del comité en mi cabeza se acallan una vez que ella llega y despliega su bostezo infinito.

Me siento en el sofá de piel negro, estratégicamente localizado en el centro de la habitación que habilite para escribir, en esas eternas madrugadas en las que voy creando mi mundo de fantasías y relatos nocturnos.: Mi rincón virtual. Es este, el espacio que me da la libertad para ser no solo quien soy, pero quien quiero llegar a ser realmente; sin mascaras que protejan mi vulnerabilidad. Es una forma más de decir que me siento independiente, puedo ser, estar, crear sin ser censurada ni juzgada; lo cual es vital cuando se pretende ser libre de pensamiento y palabra.

Cada idea que no existía ayer, va tomando vida hoy, para convertirse en una fábula que será creada mañana. Empezará en mi mente, llegará a través de mi musa y una vez sentada en mi rincón virtual , dará inicio el proceso creativo. Crear me acerca cada día más a Dios, porque solo cuando concibes los pensamientos con la sensibilidad del alma, logras entender el proceso maravilloso de la creación. Así fue que Dios creo todo lo que existe, con amor, sensibilidad, pasión y entrega. Nada puede existir, sin esta poderosa receta.

Las conversaciones en mi cabeza estimulan la imaginación de la escritora nocturna y aunque sus historietas se mantengan confinadas a un correo electrónico ó a su Blog cibernético; al cual pocas personas tienen acceso, es la forma más digna de ser consecuente con sus sueños de escribir y contar una historia inédita cada noche.
Solo me queda decirles buenas noches a los que duermen, mientras yo escribo.....

31 de diciembre de 2008

Para Ti - Diciembre 31, 2008


"Hoy como cada día, desperté pensándote y he aquí el resultado....Puede que la profundidad de mis palabras cause estragos en ti; pero debes de saber que todo esto, es lo que tú inspiras. Por ti soy capaz de surcar los cielos, los mares y hasta atreverme a desafiar mi destino por encima de las dificultades....."


Recuerdo haberme quedado dormida sobre tu pecho, escuchando el constante palpitar de tu corazón, que latía con misteriosa intensidad. Sentí al estar allí, como se siente el haber llegado a casa tras un largo viaje. Eran tus brazos, exactamente el lugar donde yo había querido estar toda mi vida. El olor de tu piel, tu calor, tu respiración, todo aquello me era familiar, no se si es por lo mucho que te anhelé ó si fue así que te imaginé.

Desee que el tiempo se detuviese allí, en aquel preciso instante y que durara toda una eternidad. Aún siendo yo un ser completo le añades un sinfín de cosas a mi vida, que resulta un tanto difícil de explicar. Al despertar, tomé tu cara varonil entre mis manos, te bese la boca con los ojos cerrados y acaricie tu barba mientras mordía tu mentón con apasionada ternura. Me encanta besar tu boca, te dije y pensé. Luego me invadió una sensación de libertad que sentí manifestada en el fluir de mi sangre y mi respiración arrítmica.
Yo te amo y te amare siempre, escuché mi voz interior gritar en silencio; mientras se le escapaba una lágrima desde lo más profundo del alma. Amo tu sensibilidad, tu calidez, tu capacidad de entrega y sacrificio, adoro tu discreta divinidad. Amo tu silencio y esa mirada tuya que me va quemando poco a poco, amo tu voz con la que sueño a menudo y que va socavando mi nostalgia al no poder escucharla.

Amo tu sonrisa, tus labios y los besos que solo ellos saben darme, el sabor de tu boca en la mía, amo tu inconfundible geografía. Adoro tu contagiosa alegría y tus manos, cuando se encuentran con las mías. Me gusta ser tu cómplice, tu amiga, y le pido a Dios por ti, todas las noches de todos mis días. Te amo cuando respiro y a menudo quiero abrazarte para apagar un poco estas ansias de ti que me consumen.

En ocasiones, quisiera abrir mi pecho de par en par, y desbordar en ti toda mi esencia y así de algún modo, disipar la injusta duda que calladamente gritan tus ojos. Te amo con la simpleza, sensibilidad y la humildad de mi corazón. Te amo en mis momentos bajos y en aquellos llenos de euforia. Te amo cuando te miro, y sobre todas las cosas, quiero ahora y siempre hacer y sentir el amor contigo.

30 de diciembre de 2008

Que Más Darte - Diciembre 30, 2008



Que más que mi amor y mi pasión desmedida para darte. Un corazón en llamas, y el insaciable deseo de abrazarte.

Te brindo mis desvelos, el iris de mis ojos y un riachuelo hermoso. Mis sueños repetidos, el diario con las llaves y todos mis suspiros. Mis poesías todas, si así lo deseas puedo regalarte.

Quizás el unicornio azul que surca las extensas planicies de mi alma cuando te pienso, o el fantasma burlón de mi soledad que me hace sombra cuando no te veo.

Que más que el arco iris que guardo en mi corazón en esos días de lluvia, en que no soporto el dolor de que no estés. ¿Sabrá Dios que más puedo darte? ¿Podrá él susurrarte al oído lo que a diario grito en mi silencio?

¿Será suficiente mi humildad? o ¿quizás mi fe? o mis brazos y mi pecho para que logres entender de una vez cuanto te amo.

Se me ocurre que puedo robarle al firmamento diez mil estrellas y regalártelas todas en una cajita, junto a mis bendiciones e ilusiones y mi luz interior para que nunca te abandone.

Sabes, ya no se que más darte si lo único que me queda es adorarte.

29 de diciembre de 2008

El Recuerdo - Diciembre 29, 2008



Desde aquel día, me plantee enterrar todo lo que hasta ese momento significó tristeza y desconsuelo para mí. Mi desolación tenía nombre y apellido, sin embargo decidí convertirlo en un recuerdo y olvidar; olvidar todo lo que él representó para mí. La voz y mirada de mi gran amor se fueron esfumando de mi recuerdo, y la intensidad de mi amor por él disminuyó en mi interior; como llamarada al viento. No me quemaba; pero sé que tampoco se apagó del todo. A menudo pienso en él, pero asumo que es parte del proceso inevitable del olvido. El miedo me destapa cada noche y sucumbo a la tristeza que juro no sentir por él. Es una inexplicable fuerza que ni yo misma entiendo; mi añoranza por él es más fuerte que la necesidad de olvidarlo.

Su recuerdo causa estragos en mí y me hace vulnerable, me condeno a la soledad y me obligo a sobrevivir mi propio exilio emocional. Suelo auto castigarme, cuando en los días de lluvia busco en lo alto de mí guardarropa, la caja azul aterciopelada que contiene fotos de los dos. Miro cada una de ellas; mientras sollozo e invoco aquellos momentos en los que el amor respiraba vida y no convulsionaba en su arduo esfuerzo por sobrevivir. Opté por esclavizarme en la rutina diaria, para eliminar cualquier posibilidad de encontrar mi felicidad: trabajo hasta el cansancio y ocupo mí tiempo en obras benéficas y leyendo libros de superación personal.

Decidí de marcharme de la ciudad por unos días, necesitaba estar sola, lo cual suena como algo cómico y sin sentido, ya que desde hacia varios meses la soledad es mi mejor compañera, pero esta vez, quería estar realmente sola. Llegué aquel hotel en la playa, un sábado en la mañana, era un día hermoso, como sacado de una colección de fotos que te quitan el aliento. Me pregunte en ese momento, cuantos de esos hermosos días me había perdido, por no estar presente, viviendo y disfrutando cada instante. Una vez más me reproché a mi misma esa falta de ganas de vivir y de ser feliz.

Atravesé las puertas automáticas que se abrieron frente a mí, y me dirigí hacia el mostrador de la recepción. En el momento en que estoy caminando hacia la persona encargada de registrarme y me acerco, suena mi teléfono celular; decido ignorarlo, como hago siempre. Ni siquiera me interesó saber si era alguien de los pocos que tienen el privilegio de tener mi número; ni tampoco me importó saber si era una de esas llamadas de personas vendiéndome cosas o servicios que en realidad no necesito. No quería saber nada del mundo exterior.

La muchacha de la recepción pide el número de la reservación y luego la tarjeta de crédito. Una vez que confirma mi reservación me devuelve la tarjeta y me da indicaciones como llegar a mi habitación. Atravesé la recepción, pero esta vez, en dirección opuesta a la puerta de entrada. Las puertas automáticas abrieron hacia un pequeño pasadizo con vegetación en ambos lados. El sol estaba en todo su esplendor, me quemaba la piel, sentí la brisa del mar y el olor a salitre invadir mis sentidos y en solo segundos me encuentro frente a la habitación número 1227. Pase la llave, y abrí la puerta. Solté todo lo que traía encima sobre la cama y corrí hacia la puerta corrediza que estaba frente a mí y a través de la cual podía ver el inmenso mar.

Abrí mi maletín y agarre mi diario, el diario que ocupa un espacio permanente en el lado vacante de mi cama, es mi vertedero emocional; en él descargo mi rabia y frustraciones. También ahí acostumbro al escribir repetitivamente el nombre de mi gran amor, como si esto fuera a devolverme la tranquilidad ó más bien la sanidad. Sí, confieso que es una especie de masoquismo enfermizo, pero es mi terrible intento de olvidar a alguien a quien sigo amando y al cual realmente no quiero dejar ir de mi vida: Sospecho que esta contradicción tiene su razón de ser. Al final, siempre sucumbo ante su recuerdo que como fantasma burlón, me acompaña: así comienzo a crear un caparazón y por último logro anestesiarme.

El lugar era perfecto, la habitación pequeña pero acogedora, las paredes de un color mantequilla con tonalidades calidas y cuadros representativos de un lugar tropical, el ventilador de bambú estaba en el nivel mas bajo y la luz natural llenaba cada espacio de mi habitación. Me sentí en un pequeño paraíso, la sensación de estar en una isla, en algún lugar del mundo y poder ver el mar desde mi cama, me pareció algo fantástico e inspirador.

En ese preciso instante volvió el recuerdo imponente de mi fantasma predilecto; así lo llamo para no mencionar su nombre, el cual me reservare por toda la eternidad, al fin y al cabo que importa si él no esta. Esta vez elegí no dejarme vencer por la tristeza de su recuerdo. Abrí la puerta corrediza que daba al mar y camine hasta la playa; habré caminado unos veinte pasos antes de sentir la arena en mis dedos. Estaba caliente, pero no lo suficiente como para desistir de mi caminata hacia la orilla y sentir ahora el agua tibia y la arena mezcladas entre mis dedos. Respiré profundamente, deseando que aquel aire de mar me curara todas las heridas y que en el proceso no me dejara cicatrices.

Camine exactamente una hora. Permití que mis sentidos, mi cuerpo y mi alma se purificaran con la naturaleza que hasta ese momento me rodeaba. Estaba en cuerpo presente y creo que por primera vez en mucho tiempo pude apreciar, el sonido del mar, el sonido de las olas golpeando las rocas y acercándose a la orilla con el desprendimiento que solo ellas son capaces de preservar. Tomé agua salada, quise llevar en mi paladar ese sabor a salitre, para complementar en mi interior un poco de las increíbles sensaciones externas que estaba experimentando.

Los tres días de ese fin de semana, fueron totalmente maravillosos para mí. Cambie mi rutina y me permití ahorcar mis hábitos. Dormí a hasta el medio día, no contestaba el teléfono celular; lo cual nunca hago, pero esta vez si tenia una buena excusa para no hacerlo. Para mi propio asombro, hice caminatas a la luz de la luna, sin el mayor reparo ha la oscuridad ó a estar expuesta algún tipo de violación ó episodio trágico. Me concedí el permiso de experimentar sensaciones nuevas, arriesgar mi pellejo y a sentirme totalmente libre. Reste miedos, incomodidades y percepciones. Me importo un rábano todas las reglas impuestas por la vida, la sociedad ó mis creencias. Fui completamente libre y lo mejor de todo es que me sentí extremadamente fuerte y capaz de ser y hacer lo que se me vino en gana.

Regrese a mi casa el domingo cerca de las diez de la noche; de mas esta decir que me entregue en brazos de Morfeo y no supe de mi hasta el día siguiente cando me despertó la vibración de mi celular. El solo echo de pensar que alguien me pudiera estar llamando ha esa hora me pareció un sacrilegio. Pero era solo la alarma diciéndome a gritos que era hora de levantarme y volver a la realidad de lo cotidiano, el trabajo, el bullicio ensordecedor de la ciudad y el eterno afán de los mortales; de más esta decir que me incluyo en esa categoría.

Recuerdo que caminaba por la calle Infanta, como solía hacer cada mañana para tomar el café en la pequeña cafetería de Antonio. Era uno de esos días en los que la vida pasa en armonía y tranquilidad por encima de toda incidencia. Mientras tomaba un café sola, como acostumbraba a hacerlo desde hacía algún tiempo, escuche que llamaron mi nombre, honestamente asumí inmediatamente que no era yo la persona a la que llamaban. Aunque vivía ese barrio desde hacia un tiempo, nadie sabia mi nombre, ni siquiera Antonio quien servia mi café todas las mañanas; el simplemente me llamaba muchachita. Me pareció algo extraño pero ni me di por enterada. De pronto escucho mi nombre por segunda vez; sentí el corazón acelerarse y detenerse a la vez; como un extraña arritmia. Quizás porque hace mucho que no escuchaba mi nombre plasmado en otra boca de esa manera: de modo ansioso y emotivo.

Mire a mi alrededor, buscando la voz que me llamaba, me dirigí intuitivamente hacia ella; de pronto pensé y me sobrevino la loca idea de que podía ser el flaco ingrato de mi amigo Hernán. Mi amigo del alma, un loco divino que se fue a España a probar suerte. Me envía correos electrónicos a diario, porque según él es una manera de permanecer cerca y pendiente de mí. Pero no; recuerdo claramente su voz escandalosa y extremadamente hiperactiva. Me detuve, en lo que pareció un breve instante, para rebuscar, comparar y sobre todo identificar en el archivo de mi memoria aquella voz….Dios esa voz; me dije mientras sentí mi corazón acelerarse de cero a sesenta segundos en un solo instante. La voz que tantas veces consolaba mi alma: la creí olvidada pero aún llevo su melodía en mi corazón.

¡Victoria! Como en cámara lenta, en el momento preciso en que voltee mi mirada, él estaba allí, como traído desde un espacio infinito, aquella figura intacta, tal cual como la recuerdo, en ese preciso momento comprendí que nunca logré olvidar. De repente afloraron sentimientos y sensaciones de golpe, que se plantaron de nuevo en mi interior. Sentí como si el tiempo no hubiese transcurrido por mi corazón, que aquel olvido no fue sino un invento que yo misma cree para protegerme del dolor que me provocó su partida. Al verlo frente a mi, no pude mencionar palabra, mi mirada se lleno de nostalgia y lágrimas corrieron lentamente por mi mejilla.

Victoria, él repitió una vez más mi nombre, pero esta vez con la voz quebrada. Yo no pude hablar, no pude ni siquiera respirar, ya que aquel sublime momento ocupaba todo mi entorno. De repente, como si la noche me arrebatara ese instante, sentí como todo me dio vueltas; se me entrecorto la respiración, mi pecho se oprimió con un fuerte dolor y no recuerdo nada más.

Abrí los ojos y sentí que la luz de aquel lugar fulmino mi mirada, hasta el punto que me era imposible mantener mis ojos abiertos por más de unos escasos segundos. Pregunte donde estaba y que me había ocurrido. No escuche ninguna respuesta, solo sentí unas manos suaves acariciar las mías y apretarlas muy fuerte.

Una indescriptible y confortante tranquilidad envolvió todo mi ser y en ese instante, me sentí protegida y profundamente en paz conmigo misma. También me sentí liviana; diría que flotando y advertí mi cuerpo inerte sobre una camilla de hospital. Varias personas me rodeaban y la mujer vestida de blanco dijo: No tiene signos vitales, no podemos hacer nada más por ella. Que Dios la bendiga y la tenga siempre en su gloria.

Oración De Cada Noche – Diciembre 29, 2008



Dios tu que sabes de todos los senderos aún no recorridos por este corazón.
A ti, te pido me brindes consuelo, si acaso pierdo en algún momento mi sendero.
Y me ayudes a retomar los pasos que me llevan por el buen camino que solamente llega a ti.

Mi Dios, tu que sabes todo lo que guardo en mi interior, te pido fortalezcas mi alma a través de mi fe. Quiero que la humildad de mi corazón guíe siempre mis pasos y que los deseos callados de mi corazón sepan encontrar oídos en ti.

A ti recurro cada noche cuando de rodillas agradezco por todas mis bendiciones, tribulaciones y todas las cosas hermosas que están hoy presentes en mi vida.

Esta oración es para ti, porque más que la luz de mi sendero, eres la fuente donde se nutre mi cuerpo y mi alma. A partir de ti, retomo mi camino cada día y cuando se hace muy pesada mi carga, sé que son tus huellas las que van quedando en la arena y van guiando mis pasos.

Para ti; mi oración de cada noche.