En el taller de narrativa del que soy partícipe, he descubierto aun más, lo que realmente es la magia de escribir. Aunque llevo mucho tiempo escribiendo, llevo mucho menos tiempo compartiendo lo que escribo con otras personas. Ojala y espero disfruten realmente lo que escribo, ya que son parte de algo preciado para mí. Aunque escriba por que me gusta y para mi, es también un ejercicio para exorcizarme un poco de mí historia personal; ya que antes de contar una historia, me la he contado a mí misma o la he vivido.... Y hablando de cosas que contar, quiero comentarles la experiencia que tuve precisamente en mi taller este fin de semana. Anteriormente, aprendí sobre la creación literaria, el esquema dramático, el contenido, la forma, los personajes, la atmósfera, el tema, entre muchas otras cosas. Antes de llegar a este punto y por primera vez en mi vida escuché de la boca de mi profesora, lo que realmente significa ó es escribir. La profesora define escribir como “un estado alterado de la conciencia, una especie de inspiración que hace que todo fluya por las hormonas”. Desde el preciso instante en que escuche esa definición le encontré el sentido a tantos años de impulsos incontrolables que me llevaban a escribir, en mi diario, en un pedazo de papel, en una libreta, y hasta repetirme frases enteras constantemente en mi cabeza, cuando no tenia papel y memorizármelas, para luego como en una especie de rompecabezas armar aquella historia, ó aquel poema, en fin, después de tanto tiempo me doy cuenta que no estaba tan desquiciada, obsesionada y desenfrenada como tantas veces pensé: Y que bueno que tampoco le puse un freno permanente a esos estados alterados de mi conciencia.
Al fin libre pensé, y camine sin rumbo por aquella ciudad que de pronto no conocía. Me sentí débil, parecía mas bien un fantasma buscando la identidad que había perdido. Me recosté a la vidriera de lo que parecía una tienda, no recuerdo bien. De pronto sentí mis piernas aflojarse y una mano ó brazo suave de mujer me ayudaba a sostenerme. Me pregunto si me sentía bien, le dije que no, y me llevo a su apartamento.




